Arqueología de Emergencia

En noviembre de 1996, un grupo de trabajadores vislumbraron una de las estructuras funerarias. Luego de ascender con dificultad por las empinadas y barrosas laderas del lado sur del lago, alcanzaron las tumbas. En los interiores y en los techos encontraron fardos funerarios y ofrendas. En los meses siguientes regresaron al sito, sacando de sus tumbas los fardos, abriéndolas a tajos con machetes para descubrir supuestos tesoros. En abril de 1997, noticias del descubrimiento llegaron a los medios de prensa, provocando un diluvio de visitantes y periodistas a la Laguna de los Cóndores. Su distante ubicación —10 horas a mula desde Leymebamba— hizo imposible controlar su presencia. Los visitantes caminaban sobre una alfombra de artefactos, posaban para las fotografías con los restos humanos despojados de sus vestimentas funerarias, guardaban “recuerdos” en sus bolsillos y escalaban encima de las frágiles tumbas.

Frente a la evidencia de disturbación del sitio y el acelerado deterioro de los restos orgánicos en julio de 1997 el Centro Mallqui se embarcó en una misión de salvataje. Los fardos funerarios y los artefactos fueron llevados a lomo de mula hasta el pueblo de Leymebamba, donde expertos podían ocuparse de las urgentes necesidades de conservación requeridas por los restos orgánicos.

 

De izquierda a derecha: Trabajos de rescate en la chullpas, Laguna de los Cóndores; Fardos funerarios; Fardo funerario cortado por machete (Adriana von Hagen)